Propiedad intelectual para recuperar el agua, el saneamiento y el entorno

Información tecnológica y gestión responsable de los escombros después de los terremotos

Por: ©️ Astrid Uzcátegui Angulo - Julio 29, 2026

Reconstruir la vida cotidiana

Después de un terremoto, la reconstrucción no comienza únicamente cuando se levantan nuevas viviendas o se anuncian grandes obras. Comienza mucho antes: cuando una familia puede beber agua sin temor a enfermarse; cuando una madre encuentra un lugar digno para asear a sus hijos; cuando un centro de salud vuelve a disponer de agua y saneamiento; cuando una calle deja de estar bloqueada por restos peligrosos; y cuando los materiales de una casa destruida son retirados sin borrar, entre la prisa y las máquinas, los documentos, las fotografías y las pertenencias que todavía hablan de quienes vivieron allí.

Esa dimensión cotidiana es especialmente visible hoy en La Guaira y en los sectores afectados de Caracas y Miranda. Más de tres semanas después de los terremotos del 24 de junio de 2026, UNICEF informó que 23.820 personas permanecían en 107 campamentos transitorios y que La Guaira seguía siendo uno de los estados más afectados. El mismo informe registró 17.907 personas sin vivienda y advirtió que la concentración de familias desplazadas exige apoyo sostenido para garantizar agua segura, saneamiento, atención sanitaria y protección. Las cifras describen la magnitud; sin embargo, detrás de cada una existe una vida suspendida entre la emergencia y la posibilidad de volver a empezar.[1]

Este tercer artículo de la serie aborda el agua, el saneamiento y la higiene como un ámbito concreto de la reconstrucción. Incorpora también un problema inseparable del entorno en el que deben restablecerse esos servicios: la gestión de los escombros. El propósito no es ofrecer un catálogo de máquinas ni atribuir a la propiedad intelectual una capacidad que no tiene. Es mostrar cómo la información tecnológica contenida en patentes y otras fuentes puede ayudar a localizar, comparar y adaptar soluciones, siempre bajo evaluación sanitaria, ambiental, técnica y jurídica.

El agua segura como condición para regresar

El agua no es un servicio accesorio de la reconstrucción. Es una condición para permanecer en un refugio, reabrir una escuela, atender a una persona herida, preparar alimentos y recuperar un mínimo de normalidad. La Organización Mundial de la Salud recuerda que el agua potable, el saneamiento y la higiene son esenciales para la salud, la dignidad y la resiliencia de las comunidades; cuando fallan, aumentan los riesgos de diarrea, cólera, hepatitis A, fiebre tifoidea y otras enfermedades prevenibles.[2]

En la respuesta venezolana se han distribuido suministros de higiene y se ha ampliado el acceso a agua segura en alojamientos temporales. Hasta el 20 de julio, UNICEF informaba que 7.180 personas habían recibido suministros esenciales de higiene y que 2.861 se habían beneficiado del acceso a agua potable segura. Es una respuesta indispensable, pero las cifras también permiten ver la distancia entre la ayuda inicial y la recuperación sostenible de redes, tanques, pozos, sistemas de tratamiento y servicios sanitarios.[3]

Soluciones adaptadas a cada comunidad

No todas las necesidades exigen la tecnología más sofisticada. En algunos lugares, la solución urgente puede consistir en limpiar y desinfectar un tanque, rehabilitar una red pequeña, proteger un punto de abastecimiento o instalar un tratamiento sencillo en el lugar de consumo. La OMS dispone de notas técnicas específicas para limpiar pozos y depósitos, rehabilitar redes y plantas de tratamiento, tratar agua potable durante emergencias y manejar residuos sólidos. En otros contextos serán necesarios sistemas modulares, membranas, radiación ultravioleta, sensores de calidad o mecanismos de detección de fugas.[4]

La decisión responsable empieza, por tanto, con preguntas humanas y locales: ¿quién utilizará el sistema?, ¿qué agua recibirá?, ¿hay electricidad estable?, ¿pueden conseguirse reactivos y repuestos?, ¿quién realizará el mantenimiento?, ¿es accesible para niños, personas mayores y personas con discapacidad?, ¿qué residuos producirá?, ¿puede repararse en Venezuela? Una solución técnicamente admirable puede convertirse en un equipo abandonado si depende de consumibles inaccesibles, software cerrado o asistencia extranjera permanente.

El saneamiento que acompaña al agua segura

A su vez, recuperar el agua no basta si las familias carecen de instalaciones sanitarias seguras y dignas. En los refugios, las escuelas y los centros de salud deben considerarse baños temporales accesibles, estaciones de lavado de manos, sistemas descentralizados o modulares de tratamiento, manejo de lodos fecales y disposición segura de las aguas residuales. También importan la privacidad, la separación por sexo, la iluminación, la higiene menstrual y las necesidades de niños, personas mayores y personas con discapacidad.

El propio informe de UNICEF advirtió, además, que en algunos campamentos existían baños comunitarios insuficientes, escasa separación por sexo y mala iluminación. Por consiguiente, la búsqueda de soluciones debe atender no solo la rapidez de instalación, sino también la seguridad y la dignidad de quienes las utilizarán.[5]

Por tanto, una instalación sanitaria no es adecuada únicamente porque pueda montarse con rapidez. Debe poder limpiarse, mantenerse, vaciarse y operar sin contaminar el suelo o las fuentes de agua. Debe contar, asimismo, con responsables definidos, suministros disponibles y un sistema seguro para el tratamiento o la disposición final de los residuos.[6]

Propiedad intelectual y reconstrucción: información para decidir

Aquí aparece la propiedad intelectual, no como protagonista, sino como una herramienta de búsqueda y decisión. Los documentos de patente pueden revelar cómo funciona un filtro, qué componentes utiliza un sistema de desinfección, cómo se reduce su consumo energético o qué mejoras se han propuesto para operar en pequeña escala. La OMPI publicó, por ejemplo, un informe de paisaje sobre desinfección ultravioleta y microfiltración, ultrafiltración y nanofiltración, con el propósito de identificar invenciones y tendencias de innovación en tratamiento de agua.[7]

Dominio público y libertad de operación

Pero encontrar un documento no autoriza automáticamente a fabricar, importar o utilizar lo que describe. Las patentes son territoriales y temporales. Para saber si una invención puede utilizarse libremente en Venezuela hay que determinar si existe allí un derecho exigible, cuál es su alcance, si continúa vigente y si otros derechos protegen componentes o mejoras. La OMPI explica que la determinación de si una invención se encuentra en el dominio público debe realizarse respecto de un país y de un momento determinados, y advierte que un mismo producto puede estar cubierto por varias patentes.[8]

Tampoco debe confundirse el dominio público con la libertad de operación. Que una patente antigua haya caducado no excluye la existencia de patentes posteriores sobre partes del sistema, ni de derechos sobre software, planos, manuales, diseños industriales o marcas. La búsqueda preliminar sirve para orientar decisiones; la libertad de operación exige un análisis técnico y jurídico referido al producto, al territorio y al uso proyectado.[9]

La información de patentes tampoco certifica que una tecnología sea segura, eficaz o apropiada para las comunidades afectadas. Por eso debe leerse junto con normas técnicas, evidencia científica, criterios sanitarios, costos de ciclo de vida y capacidad local de mantenimiento. El valor de la propiedad intelectual reside en ordenar una parte del conocimiento disponible y facilitar opciones: usar una solución disponible, adaptar legítimamente una tecnología, negociar una licencia, buscar cooperación con su titular o descartar una alternativa que crearía una dependencia imposible de sostener.

Los escombros: retirar no basta

El restablecimiento del agua y el saneamiento no puede analizarse separadamente del estado del entorno. Los escombros pueden romper redes, impedir el acceso a ellas, obstruir drenajes y alcantarillados, contaminar fuentes y dificultar la entrada de los equipos de reparación. Por eso, su gestión forma parte de la recuperación de los servicios esenciales y no constituye únicamente una operación de limpieza urbana.

Mientras se intenta restablecer el agua, otra urgencia ocupa calles, viviendas y espacios públicos: los escombros. Retirarlos con rapidez es necesario para abrir vías, permitir rescates y reducir riesgos. Sin embargo, trasladarlos de un lugar a otro sin identificación, clasificación y destino controlado puede crear un segundo desastre. Pueden obstruir drenajes y alcantarillados, afectar quebradas y fuentes de agua, generar polvo y ocultar combustibles, plaguicidas, metales pesados, residuos médicos o amianto. El Banco Mundial recomienda elaborar un plan posdesastre que defina responsabilidades, procedimientos, lugares de almacenamiento y disposición, personal y equipos; la ausencia de planificación temprana aumenta los costos y los riesgos.[10]

Entre los escombros también quedan memoria y derechos

Los escombros tampoco son una masa anónima. Entre ellos puede haber escrituras, documentos de identidad, fotografías, objetos familiares e incluso evidencia necesaria para localizar o identificar personas. Antes de triturar o desechar debe existir un procedimiento para inspeccionar, documentar y recuperar aquello que todavía tenga valor humano, jurídico o probatorio. Reconstruir con dignidad también significa reconocer que los restos materiales de una vivienda pueden contener parte de la memoria de una familia.

Las inquietudes públicas sobre el destino de los escombros refuerzan una exigencia básica de cualquier reconstrucción responsable: las autoridades deben informar qué materiales se retiran, cómo se clasifican, adónde se trasladan y cuál es su destino final. De este modo, la trazabilidad protege el ambiente, permite exigir responsabilidades y genera confianza en comunidades que ya han sufrido una pérdida extraordinaria.

¿Pueden algunos escombros volver a servir?

La respuesta internacional muestra que una parte de los materiales puede aprovecharse, pero no de manera improvisada. Antes de determinar su posible aprovechamiento deben conocerse la procedencia, la composición, la contaminación y las propiedades del material. Los ensayos y las normas aplicables son los que permiten establecer si puede destinarse a relleno, subbase, árido no estructural u otro uso, o si debe tratarse como residuo peligroso. El proceso continúa separando concreto, ladrillo, acero, madera, vidrio, tierra y residuos peligrosos; luego requiere trituración, recuperación de metales, ensayos de calidad y asignación de usos compatibles. El concreto y la mampostería tratados pueden convertirse, según su calidad y las normas aplicables, en áridos para rellenos, subbases de carreteras u otras obras; ello no significa que todo material reciclado sea apto para elementos estructurales.

Después del terremoto y tsunami de 2018 en Sulawesi Central, Indonesia, aproximadamente el 80 % de los escombros examinados —unas 540.000 toneladas de concreto, ladrillo, arena y suelo— correspondía a material potencialmente reciclable. La experiencia permitió reutilizar madera y láminas de cubierta, y triturar concreto y cascotes para producir áridos destinados a la rehabilitación de carreteras, edificios y puertos. La enseñanza no es copiar una cifra ni una maquinaria, sino reconocer que la caracterización temprana puede convertir parte de un problema ambiental en una fuente local de materiales para la recuperación.[11]

Información tecnológica para recuperar materiales

En este ámbito también existe información tecnológica valiosa: equipos móviles de trituración, sistemas de separación, control de polvo, detección de materiales peligrosos, trazabilidad digital y procesos para mejorar áridos reciclados. En este contexto, la búsqueda debería partir de problemas delimitados —por ejemplo, cómo separar materiales peligrosos antes de triturar, reducir la emisión de polvo, operar sin suministro eléctrico continuo o producir áridos con características verificables— y combinar documentos de patente con normas, investigaciones, ensayos y experiencias de reconstrucción. Las patentes pueden ayudar a identificar quién ha desarrollado esas soluciones, cómo funcionan y qué alternativas existen. Sin embargo, su selección requiere comprobar capacidad, consumo energético, repuestos, seguridad laboral, emisiones de polvo, usos autorizados y situación jurídica en Venezuela. La innovación útil no es necesariamente la más nueva; es la que puede operar con seguridad, ser mantenida localmente y responder a la realidad del territorio.

Información tecnológica para una reconstrucción responsable

Venezuela no necesita, en esta etapa, un inventario indiscriminado de miles de patentes. Necesita preguntas bien delimitadas y respuestas comparables. Una iniciativa conjunta de universidades, especialistas en ingeniería, salud pública, ambiente y propiedad intelectual podría preparar fichas o boletines breves sobre necesidades concretas, entre ellas: potabilización comunitaria sin suministro eléctrico estable; almacenamiento seguro; rehabilitación de redes pequeñas; saneamiento temporal para refugios y escuelas; detección rápida de contaminación; trituración móvil y control de polvo; separación de materiales peligrosos; y producción de áridos reciclados para usos técnicamente admitidos.

Cada ficha debería identificar la necesidad humana, describir las tecnologías localizadas, explicar la evidencia independiente disponible, precisar los requerimientos de energía, operación y mantenimiento, examinar costos y riesgos e indicar las normas aplicables. Asimismo, debería dejar constancia de la fecha de corte, las fuentes y la estrategia de búsqueda empleadas, así como del nivel de revisión alcanzado —informativo, técnico preliminar o jurídico preliminar—. Finalmente, podría presentar una revisión preliminar, territorialmente delimitada, de las patentes y otros derechos potencialmente relevantes, sin atribuirle el alcance de un dictamen definitivo de libertad de operación. El resultado no sería una recomendación automática de compra, sino una base transparente para que las instituciones y comunidades comparen alternativas y formulen mejores preguntas antes de comprometer recursos escasos.

Tecnologías adaptables a las condiciones locales

También convendría priorizar soluciones reparables, modulares y abiertas a la adaptación local. Cuando una tecnología protegida resulte especialmente adecuada, la respuesta no tiene que ser descartarla: pueden explorarse licencias, transferencia de conocimientos, cooperación técnica, fabricación autorizada o acuerdos con universidades y empresas. Cuando la tecnología esté en dominio público, todavía será necesario validar su seguridad y su pertinencia. En ambos casos, la decisión debe conservar el mismo centro: las personas que necesitan agua, saneamiento, un ambiente seguro y condiciones reales para reconstruir su vida.

Reconstruir sin crear nuevas vulnerabilidades

La propiedad intelectual no potabiliza el agua, no retira los escombros y no sustituye el trabajo de ingenieros, médicos, ambientalistas, autoridades y comunidades. Su contribución es más modesta, pero puede ser decisiva: permite convertir conocimiento técnico disperso en información útil para seleccionar, adaptar, negociar o descartar soluciones.

Después de una catástrofe, la urgencia puede empujar a aceptar equipos que luego no podrán mantenerse, a desechar materiales que podían recuperarse o a trasladar residuos sin conocer su peligrosidad. Reconstruir con información reduce esos riesgos. Significa decidir no solo qué puede hacerse, sino qué conviene hacer, quién podrá sostenerlo y qué consecuencias tendrá para la salud, el ambiente y la dignidad de las personas. Esa es la medida verdaderamente humana de la innovación: que ayude a devolver agua segura, calles transitables y un futuro habitable sin convertir la solución de hoy en la vulnerabilidad de mañana.

========//////=========

[1] UNICEF, Venezuela: Earthquake Response, Humanitarian Situation Report No. 5, 13–20 July 2026 (Caracas: UNICEF, 2026), 1–2, https://www.unicef.org/media/182941/file/UNICEF%20Venezuela%20Humanitarian%20Situation%20Report%20No.5%20%28Earthquake%20Response%29%2C%2013-20%20July%202026.pdf.

[2] Organización Mundial de la Salud, “Water, Sanitation and Hygiene (WASH),” consultado el 28 de julio de 2026, https://www.who.int/health-topics/water-sanitation-and-hygiene-wash.

[3] UNICEF, Venezuela: Earthquake Response, 1–2.

[4] Organización Mundial de la Salud, “Technical Notes on WASH in Emergencies,” consultado el 28 de julio de 2026, https://www.who.int/teams/environment-climate-change-and-health/water-sanitation-and-health/environmental-health-in-emergencies/technical-notes-on-wash-in-emergencies.

[5] UNICEF, Venezuela: Earthquake Response, 1–2.

[6] Sphere Association, The Sphere Handbook: Humanitarian Charter and Minimum Standards in Humanitarian Response, 4.ª ed. (Ginebra: Sphere Association, 2018), https://spherestandards.org/handbook-2018/.

[7] Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, Patent Landscape Report on Membrane Filtration and UV Water Treatment (Ginebra: OMPI, 2012), https://www.wipo.int/publications/en/details.jsp?id=232.

[8] Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, Identifying Inventions in the Public Domain: A Guide for Inventors and Entrepreneurs (Ginebra: OMPI, 2020), 9–10, https://www.wipo.int/edocs/pubdocs/en/wipo_pub_1062.pdf.

[9] Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, “Tool 5: Freedom to Operate,” Toolkit on New Product Development and Inventions in the Public Domain (2024), 3–6, https://www.wipo.int/documents/d/tisc/docs-en-tisc-toolkit-freedom-to-operate-description.pdf.

[10] Banco Mundial, Earthquake Reconstruction (Washington, D. C.: Global Facility for Disaster Reduction and Recovery, 2011), 64–66, https://documents1.worldbank.org/curated/en/651111536853645381/pdf/129917-WP-PUBLIC-GFDRR-Earthquake-Reconstruction16Nov2011-0.pdf.

[11] Banco Mundial, “Three Years On: Four Lessons Learned from Post-Disaster Recovery in Central Sulawesi, Indonesia,” 18 de febrero de 2022, https://blogs.worldbank.org/en/eastasiapacific/three-years-four-lessons-learned-post-disaster-recovery-central-sulawesi-indonesia.